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sábado, 4 de abril de 2020

Palestra


 Al acercarnos a Palestra es común preguntarnos qué es y de dónde proviene su denominación. Debemos decir, entonces, que se trata de un movimiento juvenil católico que toma su nombre y se inspira en el contenido de la palabra misma PALESTRA: ésta, de origen griego, designaba el estadio donde se realizaban los juegos olímpicos.

Así, el apóstol San Pablo compara la vida y la lucha del cristiano de la siguiente manera:
“¿No sabéis que en las carreras del estadio (palestra) todos corren mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! (I Cor. 9, 24)
La palestra, por lo tanto, es el estadio en el que nos toca luchar cada día para alcanzar el premio que es la Verdadera Vida, la Vida Eterna que es el mismo Cristo Jesús.

El Movimiento Juvenil Palestra ha surgido como una respuesta cristiana a la Juventud de Latinoamérica. Tuvo su origen en Caracas, Venezuela, el 13 de Mayo de 1961; y se organizó definitivamente en el año 1963. En sus comienzos, su fin era organizar jornadas de formación cristiana para jóvenes dirigentes de grupos juveniles.

En 1968 se produjo un cambio significativo. Mientras culminaba la
Segunda Conferencia Episcopal Latinoamericana, se realizó el Primer Congreso Internacional de Palestra en Bogotá, Colombia. Así, en aquella Conferencia surgen nuevas líneas pastorales que son escenciales cuando en Bogotá se estructura nuestro Movimiento. Además, fue fundado en la Argentina en el mismo año con la realización de la primera Palestra Masculina en Buenos Aires extendiéndose progresivamente a las provincias de Córdoba, Catamarca, Tucumán, Santa Fe, Salta, Jujuy y Santiago del Estero. 

De esta manera, el Movimiento comienza su trabajo de evangelización teniendo como principal objetivo formar jóvenes cristianos. Con el pasar de los años, este objetivo se concreta joven a joven y poco a poco fuimos creciendo en la convicción del poder tranformador del amor de Dios. Sabemos que es un gran desafío nuestro modo de inserción y compromiso en un mundo en constante cambio y evolución; por eso creemos que la fuerza transformadora del Espíritu es capaz de orientar nuestra búsqueda y hacernos descubrir en los signos de los tiempos y en el llamado de la Iglesia nuestro verdadero compromiso de cristianos en la realidad Argentina y Latinoamericana.

Como todos los cristianos estamos llamados a llevar bien alta la antorcha de la Fe, siguiendo las palabras de San Pablo, cuya mística y espiritualidad nos inspiran; intentando realizar lo que el Concilio nos dijo a los jóvenes: 
“Sois vosotros los que recogiendo lo mejor del ejemplo y de las enseñanzas de vuestros padres y de vuestros maestros, vais a formar la sociedad del mañana; os salvaréis o pereceréis con ella.”
¿Qué es tomar las enseñanzas y transformar el mañana? Quizá, renovar la historia. Animarnos a vivir nuestras vidas comprometidos con Cristo Jesús. Para Palestra no habrá nuevas y renovadas estructuras sin Hombres Nuevos. Por eso ser Palestrista es ser Hombre Nuevo en Cristo. Así, el Palestrista, en comunión con sus hermanos, asume cada día el compromiso de vivir una nueva vida, acorde a la transformación que Dios obró en su vida. 

Entonces, la finalidad del Movimiento Palestra, es la de formar jóvenes para que se conviertan en los primeros y más cercanos apóstoles de la juventud, teniendo en cuenta el medio social en que viven, procurando llenar de espíritu evangélico cada espacio que habitan. Jóvenes que “madurando la conciencia de la propia personalidad, impulsados por el ardor de vida, y por un dinamismo desbordante, asumen la propia responsabilidad y deseen tomar parte de la vida social y cultural. “ (Vaticano II. Apostolado de los Seglares 12). Jóvenes que se la jueguen por llevar a Cristo a la jueventud y que conviertan cada barrio, cada calle y cada hogar en su trinchera personal.

El compromiso de cada joven, grupo o comunidad Palestrista, surge de la definición que
da San Pablo de su apostolado: “Lucha por el Evangelio. Lucha que implica realizar un apostolado solidario con los demás, para llevar a muchos el mensaje de salvación.(Cfr Fil 4, 3.). Así, luchar implica llevar el Reino de Dios a toda la tierra y para esto debemos estar comprometidos a anunciar incesantemente La Buena Noticia que es Cristo Camino, Verdad y Vida.

¡Oh, bella chao!

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