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viernes, 1 de mayo de 2020

CUARENTENNIALS ENREDADOS


¡Qué increíble resulta todo en tiempos de cuarentena! Cuando toda nuestra vida se nos dijo que no pasemos tanto tiempo frente a una pantalla, hoy es prácticamente lo único que nos mantiene en contacto, nuestra pantallita de celular o de la compu. Y si nos ponemos a pensar cuánto tiempo pasamos ahora delante de esa pantalla seguramente habrá aumentado en relación a hace algunos meses atrás.
Para nosotros los jóvenes resulta algo muchas veces divertido, encontramos la forma de entretenernos en las redes sociales, donde tenemos memes,  vídeos interesantes y graciosos, fotos de nuestros amigos y familiares, tutoriales y un sin fin de información. Esa información que antes nos llegaba en mediana o gran medida, hoy nos llega en forma exuberante. Y eso muchas veces puede ser perjudicial para nosotros.
Nos pongamos a pensar cuántas noticias vimos del coronavirus, cuantos falsos porcentajes y falsas medidas de protección se nos vendieron. Muchas de esas veces nosotros la creímos, ya sea por verdadera convicción o por falta de información.
Suena loco, ¿verdad? creer algo que se nos ofrece porque si y ya, sin pensarlo demasiado. Ante esta realidad, Palestra nos muestra una herramienta tan importante que poseemos todos: el pensamiento crítico. Es la capacidad de la racionalidad humana de cuestionar aquello que se nos presenta como una verdad absoluta, es decir que ante una cuestión dada, el pensamiento crítico nos ayuda a distinguir si es válida o no. Tener desarrollado el pensamiento crítico implica ser un joven distinto, que es algo que en nuestro movimiento se nos recuerda un montón. Nosotros somos jóvenes distintos, y entonces, ¿cómo no cuestionar aquella información que nos llega en cantidades enormes?
En ocasiones dejamos de lado esta herramienta, porque implica un esfuerzo mental, y es bastante más sencillo sólo aceptar la información como nos llega, sin más cuestionamientos. El ejercicio de razón muchas veces se deja de lado, porque puede parecer una "pérdida de tiempo" y a nosotros, los jóvenes, nos suelen gustar las cosas más inmediatas.
Entrenar el pensamiento crítico es algo muy importante, sobre todo en estos tiempos, donde nuestras emociones hacen que estemos más sensibles. Nos sentimos más vulnerables de lo que somos siempre y, por lo ello, también podemos ser un blanco fácil para las falsas informaciones o desinformaciones.
Hoy por hoy vemos que en las redes sociales se publican comentarios con intención de ofender a ciertos sectores o a ciertos grupos  de personas. Muchas veces, somos nosotros quienes nos metemos en los comentarios a armar una guerra virtual con personas que no conocemos y  en ocasiones acabamos en insultos. ¿Nos trae eso algo de paz? Incluso somos nosotros, muchas veces, quienes ofendemos a los demás. ¿Soy entonces un medio de paz?  El pensamiento crítico ayuda también a discernir, a distinguir aquello que me hace bien de lo que no.
También, vemos que es muy popular compartir memes con el único propósito de divertir a los demás. Pueden ser que estos memes no tengan que ver con nuestra propia personalidad, o que se traten de cosas que directamente no hayamos vivido, o no. Los memes,  aunque graciosos, presentan posturas acerca de diversos temas y muchas veces pueden herir a determinado grupo de personas, ser discriminativos o referir a actos violentos que en realidad no propiciamos. Ellos hablan de mí y quienes me ven de afuera pueden llegar a pensar por mis memes y publicaciones que soy un tipo de persona,  o que creo, hago y digo cosas que en realidad no tienen que ver conmigo. El pensamiento crítico me ayuda, así, a ser auténtico/a, a mostrar únicamente las cosas en las que yo estoy de acuerdo.
Además de eso es importante pensar en las fotos que vemos y que compartimos, y es que los jóvenes muchas veces nos comunicamos más con imágenes, stikers y emojis que con palabras. Parece muy popular realizar publicaciones de fotos de botellas de alcohol, cigarrillos, fotos en poca ropa, semidesnudos o desnudos con el afán de exhibirnos y de buscar, quizá también, un poco de aprobación por parte de otros jóvenes. Eso se nos vende como algo correcto, como algo que es común y popular entre los jóvenes, y me incitan también a mí a hacerlo para ser validado/a. ¿Esto no me lleva a perderme a mí mismo/a? El pensamiento crítico nos ayuda a pensar cuáles son los sentimientos que queremos generar en los demás, y cuáles son los que los demás generan en nosotros.
A veces puede pasar que caigamos en realizar amistades sospechosas. También, con el afán de sentirnos más acompañados podemos empezar conversaciones con gente que jamás hemos visto y con la cual no tenemos amigos en común tampoco; puede llegar a tratarse de gente que quiere estafarnos o generarnos algún tipo de daño. El pensamiento crítico nos ayuda a cuidarnos y cuidar a quienes queremos, para distinguir las intenciones de los demás y, sobretodo, para prevenir situaciones que puedan exponernos.
Como verán el pensamiento crítico es esencial para nuestra “vida” en las redes. Tener pensamiento crítico tiene que ver con pararnos un momento y preguntarnos: ¿qué me dice esto? ¿Cómo influye en mí? O, ¿qué es lo que en verdad quiero decir? Esto nos ayuda a saber si somos influencers o influenciados, y entonces, ¿qué hacemos nosotros con eso?
En las redes sociales no todo es malo. Las redes pueden resultar vías de evangelización muy buenas y muy lindas. Un ejemplo de ello es Pablo Martínez, quien utiliza las redes sociales para compartirnos diariamente su reflexión del Evangelio diario. Lo mismo hace un asesor de nuestro movimiento. Cada uno a su modo, uno con vídeos, el otro con escritos pero ambos tienen el mismo fin: mostrar a Cristo a quienes no lo conocen (aún).
Esto debe llevarnos a pensar que cada uno de nosotros puede hacer lo mismo, desde la comodidad de sus hogares. Podemos evangelizar, como ahora Palestra lo está haciendo con nuestras charlas virtuales, las páginas oficiales y perfiles de Instagram creados especialmente para las comunidades. Nosotros también podemos unirnos a esto, compartir una pequeña reflexión del Evangelio, compartir los vídeos de Pablo o la reflexión del asesor, publicar alguna imagen alusiva a la vida de algún Santo, compartir nuestra cita bíblica favorita y, así, un sin fin de cosas que podemos hacer para ser influencers de Dios. Y no sólo eso, sino también ser redes, ser nosotros canales de información en nuestros hogares, buscando que ahí llegue él, a habitar y compartir con nosotros lo que resta de la cuarentena.
Busquemos ser jóvenes distintos aún en tiempos de cuarentena, ejercitando nuestro pensamiento crítico y llevando a Cristo en nuestros corazones. 


¡Oh, Bella Chao!
- Agus Derbunovich -



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