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jueves, 7 de mayo de 2020

Propósito de Vida



En la última charla hablamos sobre la importancia de buscar y definir nuestro  proyecto de vida, teniendo por seguro que todos y cada uno hemos nacido con un propósito de vida, pero que cada uno tiene como deber encontrar y definir su propósito de vida.
Una vez que definimos nuestro proyecto de vida, el siguiente paso es tomar acción en éste para hacerlo posible. Para esto vimos cómo algunas preguntas podrían orientarnos hacia la construcción de nuestro proyecto de vida:
La Primera pregunta: ¿Quién soy yo? Implica conocer cuáles son mis preferencias, cuáles no lo son, cuáles son mis virtudes y defectos, mis habilidades y capacidades. Para responder estas preguntas necesariamente debemos conocernos a profundidad; se trata de hacer un trabajo más introspectivo.
Las siguientes preguntas son: ¿De dónde vengo?  Y ¿A dónde voy? Saber de dónde vengo, cuál es mi historia personal, una historia que cada uno conoce mejor que nadie. Muchas veces esa historia de vida será la que nos dará señales sobre cuál es nuestra pasión y nuestras grandes motivaciones en la vida. Para definir hacia dónde voy, ¿qué estilo de vida quiero llevar?
“Si no te haces las preguntas correctas, no obtendrás las respuestas correctas. Una buena pregunta con frecuencia apunta hacia su propia respuesta”
                                                                                   (Edward Hodnett)

Te invitamos a profundizar el tema en la siguiente lectura sobre cómo definir nuestro proyecto de vida:
¿Cuánta conciencia ponemos en el logro de nuestros objetivos? ¿Prestamos la debida atención o, de alguna manera, creemos que pueden suceder mágicamente? Los objetivos no suceden por impulso natural: nosotros hacemos que sucedan o no. Sin embargo, no estamos acostumbrados a dedicar tiempo necesario para definirlos y, mucho menos, a pensar las estrategias necesarias para alcanzarlos. No llegamos a comprender en qué medida el éxito de nuestros proyectos depende de nosotros, y que para que nuestros objetivos se realicen debemos ser muy conscientes de lo que queremos lograr y muy responsables por la forma en que lo vamos haciendo. Producto y proceso son parte del éxito.
Antes de tener un objetivo, debemos tener algo más grande: un propósito o misión de vida. Es nuestra definición de para qué estamos aquí. Entender para qué vivimos es, tal vez, la acción más importante que realizan las personas que tienen éxito en sus objetivos. Podemos imaginar que los objetivos son las hojas de un árbol y necesitan estar unidas a él para permanecer vivas. El árbol es el propósito o la misión, es lo que le da unidad y sentido a los objetivos.
Los objetivos son múltiples, el propósito es uno solo: es la razón de nuestras vidas. Los propósitos se expresan en una oración, y pueden tener un matiz espiritual, humanitario o muy práctico. Por ejemplo el de Walt Disney era “Hacer que la gente sea feliz”; el de Henry Ford, “Producir en masa, vender en masa y crear el consumo de autos en masa”; el de Monty Roberts –autor de El hombre que escucha a los caballos- “Hacer que el día que me vaya de este mundo sea un lugar mejor que cuando lo encontré, para los caballos y también para las personas”.
“Todos sabemos lo que somos, pero no sabemos lo que podemos llegar a ser”
                                                                                (Shakespeare)

El propósito de vida le da dirección a nuestros objetivos y sentido a los esfuerzos. Mark Victor Hansen cuenta que, en una graduación de médicos a la que había sido convocado para dar una presentación, conoció a una médica de setenta y dos años que se graduaba ese día. Le pregunto que hacía ella antes de empezar la carrera universitaria. Y ella le respondió: “Yo tenía sesenta y cinco años, era monja, y en mi orden era obligatorio jubilarme al llegar a esa edad”. Hansen insistió: “¿Pero por qué decidió a esa edad dedicar los próximos siete años en transformarse en médica?”. Y ella le explicó: “Porque mi misión no había terminado. Mi propósito es servir”. Ahora esta doctora “sirve” a ciento cincuenta pacientes por día.
Todos necesitamos tener un propósito o misión de vida. Para poder encontrarlo, es necesario ir a lo más profundo de nuestro interior y bucear allí… Aclarar que el propósito es el “por qué” o el “para qué” puede servirnos a la hora de buscar y encontrar uno. Por qué o para qué quiero dedicar mi vida a esto. El objetivo, en cambio, es “el qué”: qué cosas quiero hacer para dar cumplimiento a mi propósito. Y las acciones son “cómo lo haré”. 

¿Cómo hacer para descubrir el propósito o misión de vida propia?
Viktor Frankl decía que no inventamos, sino que detectamos nuestra misión. Para algunos puede ser más fácil que para otros encontrarla. Hay quienes saben desde chicos lo que más les gusta hacer, como en el caso de la monja que siempre pensó que su propósito era servir, y fue cambiando de profesión, pero siguió siendo fiel a su misión. Hay niños que a sus diez años declaran “voy a ser médico” y, efectivamente, ese es luego el camino por el cual transitan. Pero no es para todos igual: hay quienes no lo tienen tan claro, pues les gusta hacer muchas cosas o los apasionan actividades poco tradicionales, y entonces descubrir su misión personal se vuelve más sinuoso. Si ese es tu caso, no desesperes: recuerda que para algunos es una línea recta y para otros es un camino que se va haciendo al andar.
Frankl decía: “Toda persona tiene su propia misión en la vida… en ellas uno no puede ser reemplazado, ni su vida puede repetirse. De modo que la tarea de cada uno es tan única como su oportunidad especifica de llevarla a cabo”. Stephen Covey sostiene que escribir el enunciado de nuestra misión no es algo que podamos hacer de la noche a la mañana, pues requiere de mucha introspección y, a menudo, de varios borradores escritos a lo largo de varios meses. La misión personal es una declaración que a nosotros nos tiene que dar claridad y sentido. No es algo para escribir una vez y guardarlo, sino para tener a la vista, para compartir y, cada tanto, revisar y ajustar si fuera necesario. Es algo similar a una constitución: una expresión contundente de quienes somos y de los valores que rigen nuestra vida.

¿Cómo se si he encontrado una buena definición de mi misión?
La definición de nuestra misión es algo que nos tiene quedar alegría cuando la decimos, tiene que resonar en nosotros. Una forma fácil de saber si estamos en el camino, es preguntarnos cuanta alegría estamos experimentando en nuestras vidas. Las cosas que están más alineadas con nuestro propósito son aquellas que nos hacen más felices al hacerlas. Para comenzar a diseñar tu propósito, te proponemos que empieces por hacer una lista de las veces en que te has sentido más vivo o más alegre en tu vida. ¿Qué cosas estabas haciendo en ese momento? ¿Podrías pensar alguna forma de ganarte la vida haciendo esas cosas, aunque suene disparatado?
Muchas veces nos desconectamos de nuestra misión porque no le encontramos una rápida “salida laboral”. Sin embrago, las personas que han sido más exitosas no son aquellas que anduvieron por los caminos más tradicionales, sino las que se animaron a armar su propio camino y a dejar su propia huella. No decimos que sea fácil, pero sí afirmamos que es posible.
A continuación, te damos algunas preguntas para que empieces a “bucear” dentro de tu interior. No importa en qué etapa de tu vida estés, porque siempre estás a tiempo de encauzar tus dones y darle sentido a tu vida.

·                    ¿Qué puntos fuertes crees tener para aportar algo al mundo?
·                    ¿Cómo te gustaría que fuera tu contribución a los demás?
·                    ¿Cómo te gustaría que te recordarán?
·                    ¿Qué trabajo te gustaría tanto hacer que lo harías aun si no te pagarán?
·                    ¿Si pudieras realizar cualquier tarea en el mundo, cuál sería?

“LA VIDA NO ES UNA SUMA DE LO QUE HEMOS SIDO SINO DE LO QUE ANHELAMOS HACER.”
                                                                                                                 (José Ortega y Gasset)

Ánimos, a no decaer. Que pensar tu propósito sea un nuevo desafío al que decir "¡Hola lucha, aquí estoy!".


¡Oh, bella chao!



BIBLIOGRAFÍA: “TODO ES POSIBLE”- Verónica de Andrés, Florencia Andrés.

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