En
la última charla hablamos sobre la importancia de buscar y definir nuestro proyecto de vida, teniendo por seguro que
todos y cada uno hemos nacido con un propósito de vida, pero que cada uno tiene
como deber encontrar y definir su propósito de vida.
Una
vez que definimos nuestro proyecto de vida, el siguiente paso es tomar acción en
éste para hacerlo posible. Para esto vimos cómo algunas preguntas podrían
orientarnos hacia la construcción de nuestro proyecto de vida:
La
Primera pregunta: ¿Quién soy yo?
Implica conocer cuáles son mis preferencias, cuáles no lo son, cuáles son mis
virtudes y defectos, mis habilidades y capacidades. Para responder estas
preguntas necesariamente debemos conocernos a profundidad; se trata de hacer un
trabajo más introspectivo.
Las
siguientes preguntas son: ¿De dónde
vengo? Y ¿A dónde voy? Saber de dónde vengo, cuál es mi historia personal,
una historia que cada uno conoce mejor que nadie. Muchas veces esa historia de
vida será la que nos dará señales sobre cuál es nuestra pasión y nuestras grandes
motivaciones en la vida. Para definir hacia dónde voy, ¿qué estilo de vida
quiero llevar?
“Si no te haces las preguntas correctas, no obtendrás las respuestas correctas. Una buena pregunta con frecuencia apunta hacia su propia respuesta”
(Edward Hodnett)
Te
invitamos a profundizar el tema en la siguiente lectura sobre cómo definir
nuestro proyecto de vida:
¿Cuánta
conciencia ponemos en el logro de nuestros objetivos? ¿Prestamos la debida
atención o, de alguna manera, creemos que pueden suceder mágicamente? Los
objetivos no suceden por impulso natural: nosotros hacemos que sucedan o no.
Sin embargo, no estamos acostumbrados a dedicar tiempo necesario para
definirlos y, mucho menos, a pensar las estrategias necesarias para
alcanzarlos. No llegamos a comprender en qué medida el éxito de nuestros
proyectos depende de nosotros, y que para que nuestros objetivos se realicen
debemos ser muy conscientes de lo que queremos lograr y muy responsables por la
forma en que lo vamos haciendo. Producto y proceso son parte del éxito.
Antes
de tener un objetivo, debemos tener algo más grande: un propósito o misión de
vida. Es nuestra definición de para qué estamos aquí. Entender para qué vivimos
es, tal vez, la acción más importante que realizan las personas que tienen
éxito en sus objetivos. Podemos imaginar que los objetivos son las hojas de un
árbol y necesitan estar unidas a él para permanecer vivas. El árbol es el propósito
o la misión, es lo que le da unidad y sentido a los objetivos.
Los objetivos son múltiples,
el propósito es uno solo: es la razón de nuestras vidas. Los propósitos se expresan en una oración, y pueden tener un matiz
espiritual, humanitario o muy práctico. Por ejemplo el de Walt Disney era “Hacer
que la gente sea feliz”; el de Henry Ford, “Producir en masa, vender en masa y
crear el consumo de autos en masa”; el de Monty Roberts –autor de El hombre que
escucha a los caballos- “Hacer que el día que me vaya de este mundo sea un
lugar mejor que cuando lo encontré, para los caballos y también para las personas”.
“Todos sabemos lo que somos, pero no sabemos lo que podemos llegar a ser”
(Shakespeare)
El
propósito de vida le da dirección a nuestros objetivos y sentido a los
esfuerzos. Mark Victor Hansen cuenta que, en una graduación de médicos a la que
había sido convocado para dar una presentación, conoció a una médica de setenta
y dos años que se graduaba ese día. Le pregunto que hacía ella antes de empezar
la carrera universitaria. Y ella le respondió: “Yo tenía sesenta y cinco años,
era monja, y en mi orden era obligatorio jubilarme al llegar a esa edad”.
Hansen insistió: “¿Pero por qué decidió a esa edad dedicar los próximos siete
años en transformarse en médica?”. Y ella le explicó: “Porque mi misión no
había terminado. Mi propósito es servir”. Ahora esta doctora “sirve” a ciento cincuenta
pacientes por día.
Todos
necesitamos tener un propósito o misión de vida. Para poder encontrarlo, es
necesario ir a lo más profundo de nuestro interior y bucear allí… Aclarar que
el propósito es el “por qué” o el “para qué” puede servirnos a la hora de buscar
y encontrar uno. Por qué o para qué quiero dedicar mi vida a esto. El objetivo,
en cambio, es “el qué”: qué cosas quiero hacer para dar cumplimiento a mi
propósito. Y las acciones son “cómo lo haré”.
¿Cómo hacer para descubrir el propósito o misión de vida
propia?
Viktor
Frankl decía que no inventamos, sino que detectamos nuestra misión. Para
algunos puede ser más fácil que para otros encontrarla. Hay quienes saben desde
chicos lo que más les gusta hacer, como en el caso de la monja que siempre pensó
que su propósito era servir, y fue cambiando de profesión, pero siguió siendo
fiel a su misión. Hay niños que a sus diez años declaran “voy a ser médico” y,
efectivamente, ese es luego el camino por el cual transitan. Pero no es para
todos igual: hay quienes no lo tienen tan claro, pues les gusta hacer muchas
cosas o los apasionan actividades poco tradicionales, y entonces descubrir su
misión personal se vuelve más sinuoso. Si ese es tu caso, no desesperes:
recuerda que para algunos es una línea recta y para otros es un camino que se va
haciendo al andar.
Frankl
decía: “Toda persona tiene su propia misión en la vida… en ellas uno no puede
ser reemplazado, ni su vida puede repetirse. De modo que la tarea de cada uno
es tan única como su oportunidad especifica de llevarla a cabo”. Stephen Covey
sostiene que escribir el enunciado de nuestra misión no es algo que podamos
hacer de la noche a la mañana, pues requiere de mucha introspección y, a
menudo, de varios borradores escritos a lo largo de varios meses. La misión
personal es una declaración que a nosotros nos tiene que dar claridad y
sentido. No es algo para escribir una vez y guardarlo, sino para tener a la
vista, para compartir y, cada tanto, revisar y ajustar si fuera necesario. Es
algo similar a una constitución: una expresión contundente de quienes somos y
de los valores que rigen nuestra vida.
¿Cómo se si he encontrado una buena definición de mi misión?
La
definición de nuestra misión es algo que nos tiene quedar alegría cuando la
decimos, tiene que resonar en nosotros. Una forma fácil de saber si estamos en
el camino, es preguntarnos cuanta alegría estamos experimentando en nuestras
vidas. Las cosas que están más alineadas con nuestro propósito son aquellas que
nos hacen más felices al hacerlas. Para comenzar a diseñar tu propósito, te
proponemos que empieces por hacer una lista de las veces en que te has sentido más
vivo o más alegre en tu vida. ¿Qué cosas estabas haciendo en ese momento? ¿Podrías pensar alguna forma
de ganarte la vida haciendo esas cosas, aunque suene disparatado?
Muchas
veces nos desconectamos de nuestra misión porque no le encontramos una rápida “salida
laboral”. Sin embrago, las personas que han sido más exitosas no son aquellas
que anduvieron por los caminos más tradicionales, sino las que se animaron a
armar su propio camino y a dejar su propia huella. No decimos que sea fácil,
pero sí afirmamos que es posible.
A
continuación, te damos algunas preguntas para que empieces a “bucear” dentro de
tu interior. No importa en qué etapa de tu vida estés, porque siempre estás a
tiempo de encauzar tus dones y darle sentido a tu vida.
·
¿Qué puntos fuertes crees tener para aportar algo al mundo?
·
¿Cómo te gustaría que fuera tu contribución a los demás?
·
¿Cómo te gustaría que te recordarán?
·
¿Qué trabajo te gustaría tanto hacer que lo harías aun si no te pagarán?
·
¿Si pudieras realizar cualquier tarea en el mundo, cuál sería?
“LA VIDA NO ES UNA SUMA DE LO QUE HEMOS SIDO SINO DE LO QUE ANHELAMOS HACER.”
(José
Ortega y Gasset)
Ánimos, a no decaer. Que pensar tu propósito sea un nuevo desafío al que decir "¡Hola lucha, aquí estoy!".
¡Oh, bella chao!
BIBLIOGRAFÍA: “TODO ES POSIBLE”- Verónica de
Andrés, Florencia Andrés.
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