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viernes, 10 de abril de 2020

VIA CRUCIS PALESTRISTA 2020


Con fe y devoción nos disponemos a dar inicio al rezo del Santo Via Crucis:
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

1° Estación: Jesús es condenado a Muerte.
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del Evangelio según San Mateo (27, 22-23.26): Pilato les preguntó: «¿y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?» Contestaron todos: «¡que lo crucifiquen!» Pilato insistió :«pues ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban más fuerte: «¡que lo crucifiquen!» Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús. 
Sentenciado y no por un tribunal, sino por todos. Condenado por los mismos que le habían aclamado poco antes. Y Él calla... Nosotros huímos de ser reprochados. Y saltamos inmediatamente… Ayúdame, Señor a imitarte, uniéndome a Ti en el silencio cuando alguien me haga sufrir. Más ahora yo lo merezco. Y nosotros, ¿sabremos tener una conciencia recta y responsable, transparente, que nunca dé la espalda al inocente, sino que luche con valor en favor de los débiles, resistiéndose a la injusticia y defendiendo por doquier la verdad?
(Breve pausa en silencio)
Señor, has sido condenado a muerte porque el miedo al «qué dirán» ha sofocado la voz de la conciencia. Sucede siempre así a lo largo de la historia; los inocentes son maltratados, condenados y asesinados. Cuántas veces hemos preferido también nosotros el éxito a la verdad, nuestra reputación a la justicia. Da fuerza en nuestra vida a la sutil voz de la conciencia, a tu voz. Mírame como lo hiciste con Pedro después de la negación. Que tu mirada penetre en nuestras almas y nos indique el camino en nuestra vida.
Padre Nuestro

2° Estación: Jesús carga con la cruz
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del evangelio según San Juan (Jn. 19, 6-17): Cuando lo vieron los jefes de los sacerdotes y los guardias, del templo empezaron a gritar: "¡Crucifícalo, crucifícalo!". Les dice Pilato: "pues llévenselo y crucifíquenlo ustedes, porque yo no encuentro ningún delito en él." Las autoridades judías replicaron: "Nosotros tenemos una Ley y según nuestra ley debe morir, porque se ha hecho pasar por Hijo de Dios."Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran. Y ellos se lo llevaron, y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
En este viacrucis; Jesús nos dirá: "me ves, así como estoy, con el camino en subida, todo lastimado y plagado, con el peso de la cruz encima, con la burla de todos, con mi poca visión, con mis tobillos  que apenas responden , te digo: SE PUEDE. Se puede caminar, se puede uno levantar a pesar de las caídas, se puede derrotar al pesimismo y al desánimo, se puede vivir sin responder las ofensas, se puede…….siempre encontrarás alguien que te de una mano. No te desamines. Yo pude, vos tambien. Si mi final era la muerte, lo hice para que tu final sea la vida. Vale la pena  el esfuerzo y a veces el sufrimiento.Con este camino, yo te doy la vida. No la desprecies".
(Breve pausa en silencio)
Que yo comprenda, Señor, el valor de la cruz, de mis pequeñas cruces de cada día, de mis achaques, de mis dolencias, de mi soledad. Padre ayúdanos a aceptar y cargar con nuestras cruces. 
Por los jóvenes que están sometidos a la cruz de las adicciones. 
Por los enfermos.
Por cada uno de los que no encuentran contención en sus entornos.
Por los que hoy no encuentran el sentido de sus vidas.
Por los que se resisten a aceptar la vida que Dios les dio.
Dame convertir en ofrenda, en reparación por mi vida y en apostolado por mis hermanos, mi cruz de cada día. Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Ave María 

3° Estación: Jesús cae por primera vez
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del profeta Isaías (Is. 53,5): Pero Él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre Él, sus cicatrices nos curaron.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Tú caes, Señor, para redimirme, para ayudar a que me levanté en mis caídas diarias, cuando después de haberme propuesto ser fiel, vuelvo a reincidir en mis defectos cotidianos. Nosotros también en este tiempo estamos pasando un aislamiento, nos encontramos con nuestra misma humanidad que nos hace caer en el pecado. Pero tú nos enseñas a aceptar nuestras fragilidades, a no desanimarnos por nuestros fallos, a saber que vamos a poder ser perdonados, nos enseñas más que nunca a reconocer con lealtad nuestras limitaciones. Con esta fuerza interior que viene del Padre, Jesús también nos ayuda a aceptar las debilidades de los demás; a no indignarnos con quien ha caído, a no ser indiferentes con quien cae. 
(Breve pausa en silencio)
Señor Jesús, que te has humillado para rescatar nuestra debilidad, haznos capaces de entrar en una verdadera comunión con nuestros hermanos. Arranca de nuestro corazón toda raíz de miedo y cómoda indiferencia, que nos impide reconocerte en los demás, para dar testimonio de que tu Iglesia no tiene fronteras, sino que es verdadera madre de todos. Amén.
Gloria

4° Estación: Jesús se encuentra con su Madre
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del Evangelio según San Lucas (Lc. 2, 34-35.51): Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma». Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
Jesús cae y luego se encuentra con María. María, esa madre amorosa que dijo SÍ y se la jugó por amor a su hijo. María, esa madre fuerte que nos enseña a ser valientes y a proteger a quienes nos necesitan. Hoy también nosotros nos encontramos con esa María: en nuestras casas, con nuestras familias, cercanos, tal vez, a la caída. Ella nos da las fuerzas para continuar.
(Breve pausa en silencio)
Mamá María, te pedimos que nos des fuerzas en este tiempo de aislamiento. Enséñanos a soportar las adversidades, a mejorar la convivencia con los miembros de nuestras familias. Haznos pacientes y humildes como vos. Danos valor para aguardar en este periodo y fortaleza para seguir siendo testimonios del amor de Cristo Jesús.
Padre Nuestro.

5° Estación: El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz 
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo. 
Del Evangelio según San Juan (Mt. 16, 24):Luego Jesús dijo a sus discípulos: —Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda la vida por causa mía, la encontrará.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
Hoy tenemos la oportunidad de ayudar a llevar la Cruz a nuestros hermanos, a los enfermos, a los que están tristes, a los abandonados, a aquellos que no encuentran el camino; a tantas familias desarmadas, a las mujeres golpeadas, a los ancianos; al Amigo que está a tu lado y necesita alguien que lo escuche.  Hoy Jesús nos enseña a respetar nuestra vida, pidiendo perdón a los que hayamos ofendido, acompañando en la soledad del Sagrario.
 De eso se trata de dar sin esperar nada a cambio.
(Breve pausa en silencio)
Señor, a Simón de Cirene le has abierto los ojos y el corazón, dándole al compartir la cruz la gracia de la fe. Danos la gracia de verte en nuestros hermanos, en nuestras familias, en aquel que nos pide que lo ayudemos con su tarea, en nuestros padres cuando necesitan que los escuchemos o que colaboremos en casa, en nuestro prójimo que sufre y en esas personas que aún nos cuesta perdonar aunque no sea fácil. Danos la gracia de reconocer como un don el poder compartir la cruz de los otros y sentir que así caminamos contigo.
Ave María   

6° Estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del libro del profeta Isaías (Is. 53, 2-3): No tenía figura ni belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado. 
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Una mujer se acerca a ti y éste gesto nos enseña que nada es pequeño a tus ojos, que las obras, incluso las más insignificantes a los ojos del hombre, hacen una gran diferencia para ti. 
En algunos momentos de nuestras vidas seremos la Verónica y otras veces seremos quienes estemos heridos por cargar la cruz. En estos momentos, en donde nos encontramos aislados, podemos ser la Verónica para las miles de personas que se encuentran en los hospitales. Verónicas son aquellas personas que luchan para poder salvarlas y que tienen a sus familias esperando que lleguen a casa. También, limpiar las heridas de Jesús es colaborar para evitar que se propague esta enfermedad; limpiar sus heridas es colaborar en casa en los pequeños detalles. Hay heridas que no se ven a simple vista pero que con un gesto de amor podemos calmar para que después Dios termine de sanar aquello que duele en cada uno.
(Breve pausa en silencio)
Señor ayúdanos en estos momentos a no ser invadidos por el miedo. Que podamos amar como tu lo haces, que nos solidaricemos con aquellos que necesitan de nuestras acciones para poder calmar sus heridas. Te pedimos que cuides y protejas a aquellas personas que se encuentran en la lucha cargando su cruz. Tú Señor que todo lo puedes, que todo lo transformas llega a aquellos donde nuestras manos no pueden llegar.
Gloria

7° Estación: Jesús cae por segunda vez
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del libro de los Salmos Sal (117,11.12-13.18): Me rodeaban cerrando el cerco... Me rodeaban como avispas, ardiendo como el fuego en las zarzas, en el nombre del Señor los rechacé. Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó... Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
El camino se vuelve más difícil, el peso de la cruz es demasiado; Jesús, de nuevo, se derrumba y cae por segunda vez. Sabe que este camino no es fácil, siente mucho dolor, sufrimiento y soledad…
En estos tiempos nos sentimos igual, un poco abrumados, cansados, con miedo y a veces extrañamos a nuestros seres queridos. Nos volvemos impacientes pero somos conscientes de que debemos soportar estas circunstancias. Jesús nos lo demuestra cargando la cruz con todo el peso de la humanidad.
Jesús se cae, pero no se queda en el suelo, sino que se levanta con más fuerza. Conoce nuestra lucha diaria y se levanta por amor a nosotros. Hoy, nos pide que no apartemos la mirada de Él, que seamos fuertes, que confíemos y que tengamos calma, que pronto todo esto pasará. 
(Breve pausa en silencio)
Señor, que seamos luz, que llevemos paz y esperanza a nuestra familia, que hoy seamos signo de unión y cuando sintamos que ya no podemos más, que no nos quedemos en la tierra, sino que nos levantemos y volvamos la mirada hacia TI.
Padre Nuestro.

8° ESTACIÓN: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del evangelio según San Lucas (Lc 23,27-31): Muchas personas seguían a Jesús. Entre ellas había muchas mujeres, que gritaban y lloraban de tristeza por él. 28 Jesús se volvió y les dijo: «¡Mujeres de Jerusalén! No lloren por mí. Más bien, lloren por ustedes y por sus hijos. 29 Porque llegará el momento en que la gente dirá: “¡Dichosas las mujeres que no pueden tener hijos! ¡Dichosas las que nunca fueron madres ni tuvieron niños que alimentar!” 30 Esa gente deseará que una montaña les caiga encima y las mate. 31 Porque si a mí, que no he hecho nada malo, me matan así, ¿qué no les pasará a los que hacen lo malo?»
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
A lo largo del camino que atravesó Jesús hacia el calvario, sufrió humillaciones, ofensas y burlas. También, se encontró con un grupo de mujeres que se preocuparon y lloraron por Él. Éstas mujeres se conmovieron al ver el sufrimiento de Jesús y acompañaron a María en su dolor. Jesús al verlas, casi sin fuerzas,  les dijo: “No lloren por mí, lloren más bien por ustedes y por sus hijos”. 
Hoy muchas mujeres lloran también al tener que estar en aislamiento bajo el mismo techo que su agresor; sufren por no llegar con el dinero para alimentar a sus hijos, por miedo a tener que salir al mundo, a la trinchera y contagiarse de ésta enfermedad. Hoy, ¿me conmuevo como Jesús ante la realidad de estas mujeres?, ¿presto mi oído, les brindo un abrazo, una sonrisa, un vaso de agua, un gracias,  a las mujeres que se preocupan por mí?  
(Breve pausa en silencio)
Señor Jesús, tú que consolaste a las mujeres que lloraban por ti, consuela hoy a las mujeres que sufren violencia doméstica, abusos y a las que están solas con sus hijos. Dales ánimo y valor para enfrentar y sobrellevar esta cuarentena. Amén. 
Ave María

9° Estación:  Jesús cae por tercera vez
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los cristianos de Filipos (Flp 2,6-8): “Siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz» 
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Por tercera vez, Jesús cae con la cruz cargada con nuestros pecados, y por tercera vez intenta levantarse con todas las fuerzas que le quedan. Es admirable la fortaleza y constancia que tuvo Jesús durante su Vía crucis. Caminó a paso firme y con fe absoluta de que su Padre lo cuidaría, de que tanto dolor representaría la liberación de los pueblos, de que esa era la garantía para que todos pudiésemos optar por vivir en el Reino de los Cielos.
Y nosotros hoy en día no soportamos nada, nos quejamos de todo, creemos merecerlo todo sin ni siquiera esforzarnos, queremos atribuirle a Dios todo, que sea él quien nos solucione, pero ¿qué hacemos entonces? Debemos dejar la flojera espiritual; si bien Dios nos ayuda, debemos esforzarnos un poco más. Tenemos este hermoso regalo, el don de la vida, y es lo más justo aprovecharlo de la mejor manera.
(Breve pausa en silencio)
Señor Jesús, la Iglesia de hoy está oprimida bajo la cruz de las divisiones que alejan a los cristianos unos de otros y de la unidad que tú quisiste para ellos. Frente a las divisiones a las que nos enfrentamos, concédenos, Señor, la sabiduría y la humildad para levantarnos y avanzar por el camino de la unidad, en la verdad y el amor y sin caer en las tentaciones de este mundo.
Gloria.

10° Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del evangelio según San Juan (Jn. 19, 23-30): Después que los soldados crucificaron a Jesús, recogieron su ropa, y la repartieron en cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también la túnica, pero como era sin costura, tejida de arriba debajo de una sola pieza. los soldados se dijeron uno a otros: No la rompamos, sino echémosla suertes sobre ella, a ver a quién le toca. Así se cumplió la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mi ropa, y echaron suertes mi túnica. Y esto fue lo que hicieron soldados.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
Jesús, te arrancan tus vestiduras, te despojan de todo y tu sigues ahí, firme en tu decisión de salvarnos. Hoy nosotros nos sentimos despojados de nuestras costumbres, de nuestras rutinas, del contacto humano, de los abrazos, las sonrisas y los besos. También, nos sentimos un poco solos y abandonados. Hoy la corona de espinas se manifiesta en este virus pero verte tan cerca de la cruz nos da fuerzas porque si tú lo diste todo, no tenemos a qué temer. Estamos en la misma barca, tu amor nos sostiene. <3
(Breve pausa en silencio)
Jesús, amigo bueno, te pedimos que nos des fortaleza para afrontar esta difícil situación. Que sepamos ver en el otro , una vida que, como la nuestra, debemos proteger y podamos ser valientes ante esta situación. Te pedimos por los enfermos, por los ancianos, por los que no tienen lo necesario para este periodo. Que sepamos ser solidarios con quienes conocemos y demos testimonio del amor fraterno.
Padre Nuestro.

11° Estación: Jesús es crucificado
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del evangelio según San Lucas (Lc 23, 33. 39-43): Cuando llegaron al lugar llamado “del Cráneo”, lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda… Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro lo increpaba, diciéndole: “¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo”. Y decía: “Jesús acuérdate de mí, cuando vengas a establecer tu Reino.” Él le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”. 
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
Dos malhechores junto a Jesús, ambos eran pecadores, pero uno de ellos con un corazón noble para reconocer sus faltas. El otro, en cambio, indiferente al dolor ajeno, se burla de Jesús y lo provoca.
¿Cómo cuál de ellos actuamos ante nuestras propias faltas? ¿somos capaces de mirar hacia adentro y ¿reconocer cuando nos equivocamos? o decidimos echar la culpa siempre afuera?
¿Cómo actúo ante el dolor de quien sufre injusticias? ¿Me involucro? ¿Doy mi granito de arena? Y sin ir más lejos, ¿cómo actúo en casa? ¿Soy capaz de salir de mi mismo o vivo aislado en lo virtual?
(Breve pausa en silencio)
Señor, hoy reconocemos nuestras faltas y la fragilidad humana, y te pedimos que te acuerdes de nosotros. Acuérdate, de los que no tienen hogar, de los enfermos, de todo el personal médico y enfermeros, de todas las familias y de todos los jóvenes para que podamos ser luz en nuestros hogares.  Tú, que siempre ofreces una nueva oportunidad, danos fuerzas para abrazar nuestra cruz. Amén.
Ave María

12° ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del Evangelio según San Mateo (Mt 27, 45-50): Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, el cielo se puso oscuro. A esa hora, Jesús gritó con mucha fuerza: «¡Elí, Elí!, ¿lemá sabactani?». Eso quiere decir: «¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?». Algunos de los que estaban allí, lo oyeron y dijeron: «¡Está llamando al profeta Elías!» Uno de ellos buscó enseguida una esponja, la empapó con vinagre, la ató en el extremo de un palo largo y se la acercó a Jesús, para que bebiera.  Los demás que observaban le dijeron: «Déjalo, vamos a ver si Elías viene a salvarlo.» Jesús lanzó otro fuerte grito, y murió.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
Jesús exclamas: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Esas últimas palabras expresan tu angustia en un grito hacia Dios. Muchas veces me siento como vos: lastimado, herido y cerca del fin. Muchas veces quise morir porque ya no oía tu voz. El ruido de los vicios, las traiciones y mi falta de amor, el dolor de algunos recuerdos y la falta de perdón. Me pregunto: ¿por qué, Señor?
(Breve pausa en silencio)
Dios mío, Dios mío: no me has abandonado. Estás ahí en la cruz por mí. Estás ahí porque me amas. No me has dejado. Señor, tú me enseñas que la solución a mis problemas no es la muerte. Tú me dices “Yo vine para que tengan vida, Vida en Abundancia”. En estos tiempos, concédeme la gracia de sentirme acompañado por tu infinito amor.
Gloria.

 13° ESTACIÓN: Bajan a Jesús de la Cruz
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del Evangelio según san Juan (Jn. 19, 32-35.38): Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
Después de un largo camino de calvario, la agonía en la cruz y la muerte de Jesús, María lo toma entre sus brazos, lo envuelve en una sábana, limpia su cuerpo herido y, en ese momento, llena de dolor en el corazón, tiene la certeza de que el plan de salvación se ha cumplido.
Jesús, tú nos dejas a tu madre, imagen de la fortaleza. Ella, después de haberte recibido en sus brazos, nos toma como hijos suyos y nos sostiene en el dolor. Ella nos enseña a abrazar la vida con esperanza para vivir el día a día.
(Breve pausa en silencio)  
Ayúdanos, Madre, a confiar como tú que aún en el momento más triste de tu vida fuiste fiel a las promesas de Dios. Danos la fortaleza para abrazar nuestra cruz y seguir a Jesús, seguros de sus palabras de Resurrección. 
Padre Nuestro

14° ESTACIÓN: JESÚS ES SEPULTADO
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del Evangelio según San Mateo (Mt 27, 59-61): José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
Señor, te hiciste hombre, caminaste en la tierra y experimentaste los sentimientos humanos con el firme propósito de hacer hasta el último momento la voluntad del Padre. Nosotros, te hemos acompañado en tu Via Crucis y hemos aprendido lo duro que fue tu camino y lo grande que es tu amor. 
Ahora te toman de los brazos de tu madre, te envuelven en una sábana y te dejan en el sepulcro. Pero nos mantiene firmes la esperanza en la Resurrección. Te hiciste pequeño siendo el más grande y lo diste todo por amor. Ese amor tan profundo que nos abrió la gran puerta hacia Dios. ¡Gracias Señor!
(Breve pausa en silencio)
Jesús, tenemos la esperanza cierta de que resucitarás. La fe en la resurrección es el consuelo más firme y profundo que podemos tener. Tú amor ha dejado atrás la muerte y el pecado. Gracias, Señor, por amarnos tanto. ¡Gracias porque has dado tu vida por nosotros! 
Ave María 

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo. Amén.

 



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