VALOR-ARTE
¿Cuál debe ser la referencia de nuestro valor?
Antes que nada, debemos estar seguros, que nuestro valor no tiene que ver con el valor que nos dan los demás, sino con el que nos atribuimos nosotros, que somos los que más nos conocemos en el mundo y sabemos las batallas que hemos transitado, las cosas que hemos superado, sabemos el valor que tenemos.
Tendemos a buscar aprobación en el afuera y en lo que los demás piensan o sienten en relación a nosotros. Muchas veces cuando alguien no nos valora del modo que queremos o esperamos, terminamos creyendo que verdaderamente no tenemos ningún valor. En esas ocasiones nos olvidamos de lo más importante en torno a la autoestima, nuestro valor no tiene relación ni debe alimentarse de ningún parámetro externo, sino que debemos empezar por darnos a nosotros mismos ese amor y aceptación incondicional que esperamos de los demás. Sólo así y como consecuencia los vínculos y relaciones que estableceremos serán con personas que nos respeten y nos valoren tal cual somos, sin pretender cambiarnos y sin condiciones a cumplir para ganarnos ese amor.
La importancia de revalorizar nuestros logros…
A veces nos confundimos y creemos que lo único que vale la pena enmarcar y colgar en una pared es un título universitario o algún reconocimiento laboral. ¡Como si la vida sólo fuera trabajar y estudiar! Pero ¿acaso no es un logro haber formado una familia, hacer un deporte con pasión, dedicarse a alguna actividad artística, alimentar amistades durante años?
¿Por qué es tan importante reconocer los propios logros? Porque hemos sido educados para prestar más atención a nuestros fracasos. Desde que éramos chicos, se nos señalaba con mucho más énfasis cualquier episodio donde estuviéramos haciendo algo mal que algo bien: mientras jugabas tranquilo con tus hermanos, tus padres no decían nada, pero en el instante donde empezaras a hacer demasiado ruido, enseguida te retaban. Si practicando un deporte pasabas bien la pelota a tu compañero, nadie decía nada, pero si le pegabas mal, enseguida venía el grito enfurecido de los demás. Cuando en el colegio le entregabas un buen trabajo a tu profesor, a lo sumo recibías un <<bien hecho>>, pero si tu trabajo no era bueno, la mala calificación venía acompañada de un sermón.
Muchas veces ponemos nuestra propia definición de éxito en un lugar tan alto que creemos que cualquier cosa que éste por debajo de esa línea no es digna de ser considerada un logro. ¡Gran error! Lo único que logramos de esa manera es tener una imagen empobrecida de nosotros mismos, y sentir que somos poco. Poder mirar hacia atrás en la vida y reconocer los propios logros es uno de los pilares para fortalecer la autoestima y para lograr confianza total en uno mismo.
Si en algún punto, al pensar y reconocer tus logros personales quedas paralizado y con la mente en blanco, te proponemos un desafío, se trata de hacer un ejercicio introspectivo, escribiéndote una <<Carta de Reconocimiento>>. Es una carta que empieza diciendo: <<Querido (tu nombre), hoy quiero reconocer lo mucho que has logrado en tu vida. Quiero expresarte mi admiración por la cantidad de desafíos que supiste atravesar…>>. Te proponemos que armes una carta en la cual escribas logros concretos: terminar la escuela, aprender un idioma, sostener amistades. Piensa desde que eras niño hasta hoy y ten en cuenta las diferentes áreas de la vida: tu casa, tu familia, tus amigos, tus responsabilidades, los deportes, la vida sana, los momentos en los que hayas ayudado a alguien, etcétera. Escribirte a ti mismo esta carta puede generar un impacto muy alto en tu autoestima.
A continuación te dejamos hermoso cuento, para que reflexiones sobre tu verdadero valor.
EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO
Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro?. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis problemas. Quizás después… Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
-E… encantado, maestro –titubeó el joven sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-.
-Bien asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En un afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado –más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó. ¡Cuánto hubiese deseado el joven tener el mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.
-Maestro, dijo –lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 o 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! – contestó sonriente el maestro. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisiera vender el anillo y pregúntale cuanto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examino el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
-¿¿¿58 monedas??? Exclamó el joven.
-Sí, replicó el joyero. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por el cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente.
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate, dijo el maestro después de escucharlo.
Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, solo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.
¡Oh, bella chao!
No hay comentarios:
Publicar un comentario